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Adaptación de lentillas y audífonos: cómo llevar ambas cosas sin complicarte el día

Lentillas y audífonos pueden convivir sin problema si se elige bien el tipo de audífono y se organiza una rutina sencilla de colocación, retirada e higiene.

Adaptación de lentillas y audífonos: cómo llevar ambas cosas sin complicarte el día

Muchas personas que necesitan audífonos ya llevan lentillas desde hace años. Otras hacen el camino contrario: usan audífonos, se cansan de las gafas y se plantean pasarse a lentes de contacto.

La pregunta nunca llega formulada de forma perfecta. En consulta aparece así: "¿Me molestará el audífono si no llevo gafas?", "¿puedo usar un intracanal si llevo lentillas?", "¿qué me pongo primero por la mañana?". La respuesta corta: sí, puedes llevar las dos cosas a la vez. La respuesta útil es algo más larga, porque son compatibles siempre que elijas bien el tipo de audífono, organices el orden de colocación y no inicies dos adaptaciones sensoriales importantes sin un mínimo de planificación.

¿Es mejor llevar lentillas o gafas si usas audífonos?

Con lentillas desaparece uno de los conflictos físicos más habituales: la competencia detrás de la oreja. Sin patilla de montura, los audífonos retroauriculares como los RIC o RITE son más cómodos de colocar, más estables y, para muchas personas, más fáciles de llevar todo el día.

Los audífonos intracanal son completamente independientes de la corrección visual. Van dentro del oído y no interfieren ni con gafas ni con lentillas. La decisión en esos casos depende de la pérdida auditiva, la anatomía del conducto y la destreza manual, no de si la persona lleva montura o lente de contacto.

Quien ya lleva lentillas suele tener una ventaja: está acostumbrado a una rutina de higiene y manipulación diaria. Eso ayuda en la adaptación al audífono. Pero también puede ir en contra si se mezclan rutinas, líquidos y prisas en el mismo lavabo por la mañana.

El verdadero problema no es la compatibilidad, sino la rutina

Lentillas y audífonos no se estorban entre sí. Una lente va en el ojo y un audífono va en el oído o detrás de la oreja. Los problemas aparecen en la rutina: dos dispositivos sanitarios, dos zonas sensibles, dos tipos de manipulación y unas manos que van de un sitio a otro.

Las molestias más frecuentes no vienen de que la lentilla toque el audífono. Vienen de ponerse las cosas en mal orden, manipular líquidos cerca del audífono o tocar el canal auditivo y después el ojo sin lavarse las manos en medio.

Por la mañana, lo más limpio es colocar primero las lentillas y después los audífonos. El ojo es muy sensible a restos de jabón, cerumen o partículas, así que si primero manipulas el audífono, tendrás que volver a lavarte las manos antes de tocar la lente. La secuencia práctica: lavar y secar bien las manos, colocar las lentillas, esperar un momento si has usado gotas, comprobar que las manos siguen secas y colocar los audífonos.

Por la noche, el orden cambia. Retira primero los audífonos, guárdalos, lávate de nuevo las manos y después retira las lentillas. Si son reutilizables, limpia y guarda según las indicaciones de tu óptico. Ese segundo lavado de manos se omite mucho porque la gente piensa "solo he quitado el audífono", pero en la retirada puedes tocar el pabellón, el molde o el filtro.

Cuidado con los líquidos: lo que sirve para las lentillas no sirve para el audífono

Las lentillas conviven con soluciones de mantenimiento, suero y gotas. Los audífonos conviven mal con la humedad. Esta diferencia explica muchos problemas prácticos.

Aunque muchos modelos actuales tienen buena resistencia, eso no significa que toleren sprays, soluciones de lentillas o dedos húmedos. No limpies el audífono en la misma zona donde acabas de manipular lentillas con solución. Tampoco lo dejes sobre una encimera mojada ni junto al estuche abierto.

Si usas gotas oculares, póntelas antes de colocar el audífono o retíralo si hay riesgo de que el líquido resbale hacia la oreja. Lo mismo con lacas, perfumes o aerosoles: primero los productos faciales y visuales, después los audífonos.

Qué tipo de audífono encaja mejor si llevas lentillas

Llevar lentillas no obliga a escoger un modelo concreto. Al contrario, suele ampliar las opciones, porque sin montura de gafas algunos modelos retroauriculares que habrían resultado incómodos se vuelven más manejables.

Los RIC o RITE son los que mejor suelen encajar: discretos, ligeros y sin conflicto físico detrás de la oreja. Los BTE clásicos, más voluminosos, también ganan comodidad cuando no hay patilla con la que competir, algo útil si la pérdida auditiva requiere más potencia. Los intracanal son completamente independientes de la visión, pero exigen más destreza manual y un conducto auditivo adecuado.

Los recargables merecen mención aparte. Si ya manipulas lentillas a diario y tienes dificultades con objetos pequeños, eliminar la gestión de pilas ayuda bastante. Un RIC recargable suele ser más práctico que un intracanal con pila diminuta para personas que ya tienen suficiente carga manual con las lentes de contacto.

Si llevas lentillas, coméntalo en la primera valoración. Puede que tengas acceso a opciones que alguien con gafas descartaría por comodidad. Puedes ver el catálogo completo de tipos de audífonos para hacerte una idea antes de la consulta.

Cuando el cerebro tiene que adaptarse a lentillas y audífonos a la vez

Aquí está la parte que casi nadie explica. Adaptarse a unas lentillas y adaptarse a unos audífonos no es solo aprender a manejar dos dispositivos. Es acostumbrar al cerebro a una forma nueva de recibir información sensorial.

Con los audífonos, vuelven sonidos que llevabas tiempo percibiendo peor: voces más nítidas, ruidos ambientales, electrodomésticos, conversaciones con varias personas. Al principio algunas cosas suenan demasiado presentes o raras, y eso es esperable. Con las lentillas también puede haber un periodo de ajuste, sobre todo si son las primeras o si se trata de multifocales. Cambia la sensación ocular, la percepción periférica y la tolerancia durante las primeras horas.

Si ambas adaptaciones se inician el mismo día, la carga sensorial puede ser alta. No es peligroso, pero puede resultar demasiado. La persona nota más cansancio, más torpeza, más irritabilidad, y entonces aparece el riesgo real: abandonar una de las dos adaptaciones antes de darle una oportunidad.

Cuando hay margen, suele ser más fácil estabilizar primero las lentillas, cuyo proceso de adaptación es generalmente más corto, y después iniciar la del audífono. Pero si la pérdida auditiva está afectando mucho a la comunicación, quizá no conviene retrasar los audífonos.

Cuando la simultaneidad es inevitable, la estrategia debe ser más gradual: primeros días con audífonos en entornos tranquilos, aumento progresivo de horas de uso, nada de restaurantes ruidosos al principio y, si es posible, no estrenar lentillas multifocales y audífonos nuevos en la misma semana.

Destreza manual: el factor que casi nadie pregunta

Hay personas que manipulan lentillas, pilas, filtros y estuches sin ningún problema. Otras no. Artritis, temblor, pérdida de sensibilidad en los dedos o poca tolerancia a piezas pequeñas son factores que condicionan la elección, y conviene decirlo desde el principio.

Las lentillas ya exigen precisión. Si además añadimos un intracanal pequeño con pila diminuta y filtros que cambiar, puede crearse una carga diaria difícil de mantener. Una combinación más práctica para esos casos: lentillas diarias, que reducen el mantenimiento, junto con audífonos RIC recargables, que eliminan la gestión de pilas y son más fáciles de colocar.

No hace falta elegir el dispositivo más sofisticado si después no se usa bien. En audición, como en visión, lo mejor es lo que la persona puede utilizar todos los días con comodidad y constancia.

Centros donde puedes gestionar ambas cosas en una sola visita

Hay personas que prefieren separar óptica y audiología en dos sitios distintos. Es perfectamente válido. Pero cuando alguien está adaptándose a lentillas y audífonos en un periodo cercano, un centro que combine ambos servicios tiene una ventaja concreta: el óptico y el audiólogo pueden coordinarse.

Si el usuario nota fatiga al final del día, conviene saber si el problema viene de la lentilla, del audífono o de la combinación. Sin esa coordinación, cada profesional puede decir que su parte va bien mientras el conjunto no funciona.

Esto también importa en personas mayores o con poca destreza manual. A veces no hace falta cambiar de producto, sino simplificar el orden de uso o ajustar las expectativas de las primeras semanas. En HearinIT puedes encontrar centros auditivos cercanos y consultar desde el primer contacto si trabajan también la parte óptica o tienen coordinación con ópticos.

Cuándo pedir ayuda

No todo requiere una visita urgente. Pero si el audífono deja de sonar bien después de manipular líquidos, carga mal o aparecen pitidos nuevos, conviene consultar con el centro auditivo antes de asumir que algo se ha roto. Si la rutina se vuelve demasiado pesada, el audiólogo puede simplificarla: a veces el problema no es clínico sino práctico.

En la parte visual, si las lentillas molestan, se secan demasiado o cuesta retirarlas, el óptico debe revisarlo. No conviene asumir que todo forma parte de acostumbrarse.

Cuando las dos adaptaciones coinciden, llevar un registro sencillo durante las primeras semanas ayuda: horas de uso de lentillas, horas de uso de audífonos, momentos de fatiga y ambientes donde aparece la incomodidad. Esa información concreta es mucho más útil que llegar a consulta diciendo "algo no va bien".

Si llevas lentillas y todavía no tienes audífonos

Coméntalo en la primera valoración auditiva. Puede influir en el tipo de audífono más cómodo para tu rutina, en el modelo de carga que tiene más sentido y en cómo organizar las primeras semanas de adaptación. Si ya llevas audífonos y quieres pasar de gafas a lentillas, coordínalo también: el cambio puede añadir carga sensorial justo cuando el cerebro ya estaba estabilizando la audición.

Si tienes dudas sobre qué combinación encaja mejor en tu caso, puedes pedir asesoramiento personalizado sin compromiso antes de tomar ninguna decisión.

Fotografía de Daniel Molina

Daniel Molina

Audiólogo

Daniel Molina López es un audiólogo en continua formación, comprometido con el bienestar auditivo y la atención personalizada. Combina criterios clínicos rigurosos con tecnología de vanguardia, ofreciendo un trato cercano, ético y adaptado a cada paciente.

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